Acerca de mi

Desde que tengo uso de razón, hay una sola cosa que ha sido siempre parte de mi ADN con fascinación, con curiosidad. 

No es un secreto para todos aquellos que amamos las máquinas voladoras que al escuchar el sonido de un motor en lo profundo del cielo azul nos hace que cualquier ocupación en ese momento pierda de toda importancia para dar prioridad a la búsqueda de la máquina maravillosa que navega en medio del cielo y que será nuestro foco de atención hasta que logremos encontrarlo sobre nuestras cabezas para identificar el tipo de nave, la ruta de vuelo, su posible origen y su posible destino. 

Muchas veces no lo sabremos, muchas veces será solo un sonido difícil de localizar, como una aguja en el pajar por lo alto o simplemente porque las construcciones o naturaleza que nos rodea nos impide ver todo el cielo, pero hasta que el sonido se haya desvanecido por completo podremos seguir con nuestras prioridades iniciales. Así es como vivimos desde tierra los que amamos la aviación. 

Soy ingeniero nato, licenciado en electrónica por estudios, pero en mi cabeza ya soy piloto del avión comercial más grande e impresionante jamás construido, piloto de pruebas e ingeniero aeroespacial. Mis orígenes vienen de más de 40 años atrás, cuando fabriqué mi primer avión. Un pesado avión hecho con una estructura de alambre de acero (de ganchos de colgar) que fue cuidadosamente cortado doblando un alambre de un lado al otro hasta debilitarlo y quebrarlo para después soldarlo con delicadeza y precisión con un "cautín para soldar tinas" con una punta chata milimétricamente calibrada. Con estos materiales logré formar el esqueleto de este hermoso avión, qué muchos dirían que más torcido que un tronco de árbol viejo no se podía haber hecho, pero la realidad es que sí, si podía haber quedado más torcido. Aquella maravillosa nave, fue delicadamente forrada para dar cuerpo y forma, como la piel que forra a un ser vivo, con el más delicado papel periódico seleccionando las secciones periodísticas más adecuadas para el uso. Usando la cinta "diurex" y la cantidad exacta de pegamento blanco, especial para aplicaciones en naves de máximo desempeño y cohetes, logré forrar todo mi avión. Pero ahí no termina la historia, faltaba dar un hermoso y elegante acabado y por supuesto... ¡poner un motor! Para eso usé una pintura muy especial, como aquella pintura acrílica que venden en cualquier papelería y de cualquier marca desde 5 devaluados pesos. Así, cuidadosamente con una brocha de cerdas de pelo de perro callejero, le di el acabado fino, le di su imagen, le puse su propio "livery". 

Finalmente, para poder volar, instalé las ruedas obtenidas de un donante seleccionado por una extensa lista de características muy particulares que podríamos resumir como "el carrito de plástico que pude desarmar minuciosamente de un zapatazo" y posiblemente del mismo artefacto para el entretenimiento de seres de escaso tiempo de vida en este mundo, llámese al artefacto... ¡juguete! obtuve un motor eléctrico que sería quién impulsaría mi avión a dar la vuelta al mundo en un tiempo récor. Este motor era alimentado por una pila "cuadrada" de 9 volts y lo más sofisticado de toda la electrónica de mi maravilloso avión, era que contaba con un switch... ¡claro, para no tener que conectar y desconectar la pila cada vez que el piloto lo necesitara! 

El momento llegó... ¡mi avión estaba listo!... la pila instalada, las ruedas con diferentes ángulos de ataque transversal y horizontal que creaban un movimiento oscilatorio pendular tangencial listos para espantar con ese movimiento a cualquier ave o animal que se atravesara sobre la pista, algunos pensaban que las ruedas estaban simplemente chuecas, pero la realidad es que todo estaba fría mente calculado y de esta manera mi avión estaba listo sobre la línea principal de la pista de pruebas. La mesa del comedor de casa de mis papás parecía no ser lo suficiente larga para alcanzar la velocidad V1 y de rotación, pero el intrépido piloto estaba dispuesto a arriesgar todo en pro de la ciencia. 

Tomé un fuerte respiro, me armé de valor, revisé mi lista de verificación y una vez confirmado que todo estaba listo... me preparé para encender el motor de mi poderosa nave voladora... 

"Torre de control, permiso para despegar" dijo el piloto. 
"Aquí torre de control, permiso concedido" replicó el controlador aéreo. 

3... 2... 1... "click" ... sonó el apagador de mi avión para energizar el cableado eléctrico que llevaría la corriente eléctrica como la sangre que corre por las venas de un atleta antes de una carrera de velocidad de los 100mts con obstáculos. Como en cámara lenta, el motor comenzó a girar, aceleró a su máxima capacidad desarrollando 10 mil millones de caballos de fuerza y sorpresivamente... 

¡Mi avión nunca se movió!... 

Ni un milímetro siquiera se movió, pero se veía bonito girando la hélice. Es claro que aquél avión jamás podría moverse por si solo, su pesada construcción necesitaría el motor de propulsión a chorro más grande jamás creado para poder moverse, pero lo que definitivamente si despegó aquél día, fue mi amor por volar, por estar inmerso en el mundo de la aviación, conocer su historia, conocer la ingeniería detrás de cada aeronave, conocer a los hombres que dieron su vida por crecer la industria, desde sus inicios como algo simplemente fascinante hasta lo que es hoy en día, un medio de transporte que tal vez para muchos no sea tan diferente como sentarte en un sillón por un par de horas y llegar a otro lugar, pero que para mí, es toda la magia que envuelve a esa pesada nave, son los paisajes que jamás se ven dos veces de la misma forma, es entender la cantidad incalculable de horas y de ingenieros y sus miles de ideas, que han logrado materializar el sueño de imitar el vuelo de los pájaros para lograr elevarse de forma controlada y con la total libertad de ir en la dirección deseada. 

Más de 40 años de amor por la aviación me han llevado a construir mis propias naves de papel, madera, fibra de vidrio o utilizar cualquier material disponible, me han llevado a mejorar cada vez mis técnicas de construcción, me han llevado a aprender a volar aviones de radio control, a volar un Boeing 737 en uno de los simuladores más completos y certificados por Boeing en México, pilotar por repetidas ocasiones una Cessna 206 en compañía de un gran amigo y piloto instructor y haber visitado museos de aviación en muchas partes del mundo, incluidos el museo del Aire y del Espacio del Smithsoniano, el "Museum of flight" de Boeing en Seattle en el estado de Washington , donde duerme en exhibición uno de los icónicos Concord para el deleite de los visitantes, el museo "The hangar" en Alberta, Canadá y muchos más en diferentes partes del mundo. Cada día leo noticias del sector y leo con frecuencia fichas técnicas de los nuevos desarrollos de motores y máquinas que revolucionan el futuro del transporte aéreo. 

¿Qué más me falta? Hay mucho por hacer, una licencia de vuelo, fabricar naves tripuladas, ser un ícono de la industria, no lo sé, pero lo que sea seguirá haciéndome volar alto y espero poder compartir mis experiencias y conocimiento con las personas qué como yo, llevan en su ADN el amor por la aviación.

La aviación es un mundo extraordinario que se construye desde tierra, 
pero que sólo se vive desde el cielo.

                                                                                                                                                                            Luix Xiv.
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